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Muerto el "último
imaginero" trujillano, Salvador Valero, sólo queda en el camino válido
de la pintura espontánea un solo representante a nivel regional que se
llama Agustín León. Los demás pertenecen a otros órdenes, están en
permanentes búsquedas, son simples paisajistas, copistas jóvenes
apegados al viejo realismo o mujeres con un gran sentido creador -aún
en letargo- por la falta de audacia, formación o experimentación de
formas novedosas.
Agústín León es hoy el gran desconocido en el campo de la plástica
nacional, pero sin embargo, es quizás el valor más puro y firme que la
provincia haya dado en los últimos cinco años como aporte recio a la
pintura real poética.
Ignorado por "marchands", por críticos, por maestros descubridores de
"primitivos", Agustín León ha hecho del arte un hondo compromiso con
la soledad, con su mundo interior, con su portentosa creación.
LAS FLORES Y LOS ANIMALES
El amarillo siempre apasioné a Van Gogh, le llevé al tormento, al
delirio; pero el pintor holandés ganó la batalla, capturé el sol en
los trigales y dominé el cielo con su pequeña "Alondra". El verde, en
la hierba o en los árboles gigantescos, en los bosques tupidos, o en
las ramas que saludan, ha sido y continúa siendo el sello mágico del
artista nativo de El Alto de Escuque. Y tal vez este férreo amor
cromático tenga su génesis en los primeros contactos de infancia; el
misterioso follaje cercano, los bucarales aún no reventados en flor;
las columnas de pinos, de aguacates, los platanales, el cafeto y los
millares de matas que adornaban la comarca.
-Desde niño empecé a pintar, a dibujar las cosas naturales de mi
pueblo- ha expresado León. Y he allí el por qué todo se le volvió al
paso de los años una alfombra marina, un concierto de flores, un
espejo de algas.
El jardín de su casa quedó impreso en su memoria y él con una
minuciosidad asombrosa logré estampar en sus cuadros el desfile de
rosas, margaritas, "amor ardiente" gardenias y trinitarias como
reminiscencias de lo florido y subyugante.
La otra pasión de Agustín ha sido la de los animales: los feroces y
los tiernos.
En una de sus mejores telas convierte a una pareja de jabalíes y sus
crías que toman agua, en un remanso de paz, de tranquilidad. El poder
de la bestia sucumbe y se amansa por virtud del paisaje, del verdor,
por ese ambiente de reposo de la hierba y el bosque que comienza.
Sencillamente esta obra tan perfectamente lograda parece ubicarse
dentro de la técnica de Rousseau, pero ello no es sino simple
coincidencia, porque León desconoce hasta las reproducciones del
famoso "Aduanero".
El paisaje yace inmerso en las pupilas de Agustín durante meses y
meses. Pero llega el momento en que el pincel lo fija en la tela y la
realidad se hace maravillante. Se podría decir que en esas estampas
brota la influencia de Constable o de Turner, que los logros se
centrifican en una fotografía manual a colores. Los campos helados
merideños, la bruma en la montaña, las tierras aradas por el buey y
con el hombre solitario, las comarcas trujillanas, El Alto de Escuque,
el Boquerón, las zonas soleadas de Betijoque han sido las regiones de
experimentación y de amalgama entre la visualización y el toque
creativo de este artista.
Pero crudamente hay que anotar que el paisaje en su captación
fielmente real, y no aquel donde la arboleda fantástica, los animales
y las mujeres tipo japonés, ha hecho daño al pintor León, porque su
mundo es de explosión, de estallidos o fluorescencias en aquel que
navega en la exuberancia, en la transformación de lo circundante.
Si alguna sugerencia -con el profundo respeto a su intimidad- le
podríamos hacer a A.L. es la de que conserve su línea creadora y no se
apegue demasiado a la reproducción del ambiente ya que ello pertenece
más al orden fotográfico que al ámbito artístico.
Sinceramente creemos que el artista escuqueño tiene trazados sus
objetivos precisos, que sabe hacia donde va, que tarde o temprano
obtendrá su reconocimiento, pero por los actuales momentos el medio
está conspirado contra él, puesto que si se ha empeñado en su labor
paisajista como un bote o tabla de salvación económica, es porque
lamentablemente lo que "se vende" en este Estado huérfano de
sensibilidad pictórica, es el simple paisaje. Y es que por otra parte,
Agustín León, no ha contado con la ayuda de los organismos oficiales
que dirigen la cultura, no ha tenido ningún apoyo de los críticos, no
ha sido favorecido con el estimulo o la solidaridad de los mecenas, ni
con el brazo protector de los dueños de galerías a excepción de Luis
González, quien en todo momento se ha preocupado por la promoción de
esta valiosa figura de la plástica en nuestra región.
Tenemos entendido de que León es uno de los pocos pintores
naturalistas que no recurren a la fotografía, sino que como los viejos
maestros de la Escuela de Barbizon utiliza el método del contacto
libre con el campo, con el ambiente para crear sus cuadros, sus
paisajes donde resaltan efectos, motivos y colores de los lugares
tomados exprofesamente.
A simple vista se observa que la pintura de León es al aire libre, que
desecha la toma fotográfica, la cual parece ser el arma única de
varios pintores regionales, sin recursos creativos, sin el mínimo
juego de la imaginación, ni la trastrocación estética, de esos que se
han dado en cuerpo y alma a la reproducción del paisaje captado en el
daguerrotipo.0
A estos pintores jóvenes y maduros es necesario decirles que si bien
en un principio la fotografía se hizo la gran amiga de la plástica,
especialmente en los albores del impresionismo, desde hace décadas su
utilización para el artista no tiene razón de ser, pues hasta el
famoso pintor neoclásico Domingo Ingres, dijo: "Es admirable, pero uno
no debe admitirlo".
EL HOMBRE
De la vida de León sólo sabemos que nació en El Alto de Escuque, que
en la Escuela Primaria era el niño más solicitado por la calidad de
sus dibujos, que desde hace muchos años sus amigos lo bautizaron
cariñosamente "Chory".
Desde joven ingresó al entonces Banco Agrícola y Pecuario (hoy ICAP)
donde trabajó por más de dos décadas hasta alcanzar la jubilación,
proceso ininterrumpido que golpeó su mundo de creatividad artística,
pues como hobby en los ratos libres, León tomaba la paleta para
estructurar el cuadro.
Se dice que un tiempo fue presa de la dipsomanía, pero que
admirablemente superó esta etapa refugiándose en su pintura.
-"A veces deseo -nos dijo en cierta ocasión- irme a la montaña y
construir una choza rústica para pintar y vivir en forma primitiva. Y
es que para mí lo más bello, lo más hermoso es la naturaleza, con sus
bosques, sus cielos, aves y animales".
Agustín León, es un pintor fielmente ubicado en el naturalismo
poético, y es por eso sus deseos, sus anhelos, de ligarse al campo, a
los montes, a las aves, ser el Reverón de la flora, o el Paul Gauguin
de las frondas, pero sabemos que el profundo cariño, el amor que le
profesa a sus familiares y a esa villa sana, fresca y luminosa que es
El Alto de Escuque, no le permiten al artista una ruptura con el
ambiente.
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