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Fue un
médico humanitario por excelencia. Civilista en el mismo grado de
Monseñor Escalante, no hubo sociedad, club u organización de beneficio
colectivo que no contara con su valioso concurso. Su vida fue darse.
Tuvo, como dicen de él sus coterráneos, muy corto el sentido del
interés, y muy largo el de la generosidad. Representó a su pueblo en
la Asamblea del Gran Estado Los Andes, donde desarrolló una magnífica
labor a favor de sus representados. Honesto y pulcro en todos sus
actos, tuvo siempre un genuino gesto de solidaridad para con los
desvalidos. Este eminente escuqueño nació el 12 de octubre de 1859 y
murió el 22 de abril de 1922.
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